Felipe Arratia: “Desconfío de los periodistas musicales que se sobre-impresionan de cualquier cosa”

El periodista, que se ha hecho conocido por su trabajo en las revistas Extravaganza y iPop, radio Sonar y Canal 13 cable, impresiona por su juventud y su trayectoria. Pero conocimos su casa, y ahí sí que nos volvimos locos. El porqué: discos por todas partes. Amontonados en un sillón, en el comedor (que no se puede usar porque está lleno), y en su dormitorio, donde hay una repisa con una envidiable colección clasificada entre anglo y latino, que (y acá viene el dato freak) cuenta con un apartado especial para unas cuantas discografías de ídolos del reggaetón, que consiguió mientras trabajaba en radio 40 principales. Rasgos como éstos retratan a Felipe Arratia, un tipo de gustos transversales y opiniones bien definidas sobre la ética que debe tener un comunicador en su quehacer dentro de un medio donde la tentación de venderse es poderosa.

 

El joven Felipe de los ’90 descubrió su interés por el periodismo musical gracias a la radio Rock and Pop y al programa “Haciendo Ruido”, que conducía Iván Valenzuela. Según Arratia, fue el espacio que demostró que en Chile era posible especializarse en música sin ser un ñoño: “Valenzuela hizo carne –o hizo aire en este caso- algo que estaba dando vueltas, que tiene que ver con el retorno a la democracia, con que los sellos estaban buscando bandas para ficharlas, con una apertura de los medios de comunicación, y probablemente él fue la punta de lanza. Para un cabro de 15 o 16 años que se iba a dedicar al periodismo y que le gustaba la música, ‘Haciendo Ruido’ era todo lo que necesitaba”, dice.

Arratia tuvo sus primeras experiencias laborales antes de egresar de la universidad, en Conexión Santiago comentando música y en Extravaganza, donde llegó después de una exasperada llamada telefónica, en la que el periodista se quejó de los contenidos de la revista y lo invitaron a colaborar. Así, se quedó escribiendo sobre bandas de las que nadie más quería hablar, como Molotov o Chancho en Piedra, pero que para él constituían un desafío que lo ayudó a ser capaz de escribir de todo: “Super temprano en mi vida caché que los prejuicios están en uno. Si Arjona, los Backstreet Boys o Shania Twain hacen lo que hacen y tienen un público, que a ti no te guste es problema tuyo, no del artista”.

Después de hacer la práctica en El Mercurio y tener un fugaz paso por la sección de Deportes del “diario de Agustín”, Felipe llegó a radio Rock and Pop gracias a un dato de Pato Cuevas (quien era su profesor de Radio). Era el año 2000. En 2003 renunció para irse a Sony Music, donde estuvo a cargo del catálogo anglo, y posteriormente emigró a la radio 40 Principales, experiencia que Arratia recuerda como difícil, ya que en su puesto de productor general  y luego editor periodístico de la renovada Hit 40, debía velar por los contenidos de una emisora que no los tenía.

Tenías un cargo importante, pero ¿qué incidencia real tenías en los contenidos de la radio? ¿Quién mandaba?

F: En el esquema que había en Iberoamerican había un director, Mauricio Soto, y un productor general, que era Alfonso Romero, y ambos como que intercambiaban roles, eran la cúpula. Y yo los apoyaba en los escasos espacios que había para meter contenidos. Estaba con Nacho Lira, y éramos dos en una radio que no generaba casi ningún contenido, porque tenías de 9 a 1 de la tarde a Spider G, un DJ haciendo su pachanga al aire, y que no necesita a un periodista. Evidentemente, fue lógico que saliera de ahí; como editor, no tuve ninguna incidencia en Hit 40. Rotundamente no.

¿Crees que el periodismo musical puede contribuir a un debate cultural a nivel de sociedad? ¿Qué puede aportar?

F: Aportamos basándonos en nuestra experiencia, que tiene que ver con ir a muchos conciertos, escuchar muchos discos y creer que tu instinto puede separar la paja del trigo, y tratar de orientar a las personas. No creo en el crítico que desde su pedestal dice “¡Esto es malo, esto es bueno!”; creo en el periodista musical que coloca preguntas sobre la mesa, y sobre todo en el que tiene una bajada muy vinculada al medio local. Creo que es super relevante que esté muy conectado con lo que ocurre en Chile. Un periodista de música que solo va a los conciertos de músicos extranjeros que vienen a Chile, para mí no tiene ninguna relevancia. Creo que lo más interesante que puede hacer es traducir y explicar fenómenos que tienen que ver con la música, no solo comentar un disco o hablar de un género o de un fenómeno reciente, sino que tiene que hacer es vincular. ¿Cuándo me doy cuenta de que un periodista musical es bueno? Cuando tiene una pata en el presente y una en el catálogo. Desconfío profundamente de los periodistas musicales que se sobre-impresionan de cualquier cosa. Los fenómenos no son unívocos, todo tiene que ver con todo.

Ya que hablamos de la escena musical chilena, ¿qué opinas de la nueva camada de músicos chilenos que ha aparecido en estos últimos años?

F: Siempre acusan a los periodistas de música de tirar frases rimbombantes de manera intencionada, pero yo creo que este es el mejor momento en la historia de la música chilena, y lo creo por la multiplicidad de artistas valiosos en géneros completamente diferentes; por el reconocimiento que reciben en el extranjero, que es real, y sobre todo lo creo por la sensación de “escena” que existe, particularmente en la actitud colaborativa que existe entre ellos. Pero me genera una sensación ambivalente, una especie de angustia porque deberían llenar teatros gigantes y deberían estar pasando muchas cosas con ellos, y los medios masivos les pasan por el lado; hoy en día esos artistas solo tienen cabida en muy poquitas radios.

A comienzos de la década del 2000, cuando eran los últimos estertores de los sellos discográficos apostando por catálogo local, tenías a un promotor de radio, a un productor de prensa y a hueones que les pagaban un sueldo para tratar de meter el single del grupo No me Acuerdo, o tratar de meter “El templo del placer” de EM314, o el ejemplo que quieras dar de algo muy malo. Me parecía insólito que se hicieran tantos esfuerzos corporativos por música que no era trascendente, de la que nos acordamos de una manera casi kitsch. Ahora me parece una tragedia que “Hasta la Verdad” de Javiera Mena, que “Por la ventana” de Gepe, que “Ciervos” de Astro no sean mega hits radiales, que no sean neoclásicos porque deberían serlo. Está pasando más con ellas afuera que acá, y de verdad que no lo entiendo. Acá todos los esfuerzos son individuales o familiares, y que no tienen que ver con políticas estatales ni de ningún otro tipo, sino más bien con el talento y el tesón. Visto desde ese lado, el mayor problema de la escena local es la difusión, y sin duda, Internet es un actor relevante. Es el lugar donde esta camada de músicos se está difundiendo, pero digámoslo: la gran masa en Chile se informa y se divierte en primer lugar con la televisión, y en segundo lugar con la radio.

Para allá quería ir: este año tenemos nuevo Censo y probablemente las respuestas cambien, pero en el Censo del 2002, la radio ganó por goleada como el medio de comunicación más creíble. Diez años después sigue siendo un medio masivo, entonces, ¿hasta qué punto incide en la difusión de estos músicos?

F: Es clave. Hay una frase muy sabia que decía Jorge González con respecto a la canción “Fe”, porque él estaba muy molesto con el marketeo de su primer disco solista, y cuando él ha vuelto a hablar de ese disco (que es super bueno), dice “Me da un poco de lata lo que pasó con ‘Fe’ y con otras canciones ese disco, porque por cuestiones del minuto no les ayudé a convertirse en los hits que debieron haber sido”. Ahí hay un tema clave, porque un hit es más que una buena canción. Tienes que ayudarlo, partiendo por la reiteración. Hoy en día, prácticamente no hay radios que apoyen a las canciones con sus parrillas. De repente le dicen a un artista “Estamos tocando tu canción”, y resulta que sale dos veces al día dentro de 24 horas, y eso es como no tocarla. Entonces, el hecho de no tener a estos super músicos chilenos en las radios redunda en que siguen siendo parte de un nicho y van a tener que seguir tocando en Loreto, en Onaciú, en la SCD hasta que pasen otras cosas con ellos. Es trágico el poco apoyo de los medios a los músicos chilenos, porque ya no vale el argumento de que su música es mala, y que se usó por muchos años.

¿Estabas de acuerdo con ese argumento?

F: La música chilena ha tenido periodos muy malos. En la primera mitad del 2000 se salvan muy pocos: estaban Los Bunkers, Pettinellis la rompía, De Saloon… Hay que tratar de mirarlo desde afuera, y yo sé que esta forma es super estereotipada, pero los ’90 indudablemente son de Los Tres, después de Lucybell y un poco de Los Tetas. En los 2000 tienes a Los Bunkers super encumbrados, que después se dieron cuenta de que tocaron techo y se fueron a México. Yo que estaba en radio en ese tiempo, tenía la sensación de que De Saloon tenía una buena chance, pero se quedaron en el camino. Y en algún minuto –y esto lo conversé con Mauricio Durán- pensé que Fother Muckers (actuales Ases Falsos) podía ser esa banda, pero creo que ellos tienen una mecánica interna que los condena a seguir siendo un nicho. Tienen un cantante talentosísimo pero super temperamental, después se radicaron en el sur, y la guinda de la torta fue cambiarse el nombre. O sea, ¿te costó cuatro, cinco años meter una marca y después la cambias?

¿Cuáles son las principales diferencias entre la escena actual y las décadas pasadas? Podemos considerar a partir del segundo lustro de los ’80, luego el retorno a la democracia…

F: Para mí son las siguientes: uno, la plataforma de difusión. Del 2000 para adelante, Internet, en los ’90 radio y tele, y antes de eso, nada (risas). O si quieres, en los ’80 un poco la radio, con el fenómeno del rock latino del que se colgaron UPA! y unos cuantos grupos más; en los ’90 todos tratando de hacer “la gran MTV”, y en 2000 Internet y no hay más. Segundo: en los ’90, ya sea por repetir un modelo foráneo o porque realmente creían en eso, o porque se creía en el rock como un esfuerzo de colaboración, los ’90 son la década de la banda y los 2000 son de los solistas. Todos los grandes artistas del 2000 para adelante son solistas. Si yo tuviera que hacer una tesis al respecto, diría que ya no es el estudio de grabación el lugar en donde yo compongo o grabo, es mi casa. Y como en Chile todo es más precario, todo es más charcha y cuesta mover todo, mejor toco la hueá yo solo. Incluso en el tema de las contrataciones, es mucho más barato contratar a un hueón con guitarra que a una sonora, entonces toda la línea productiva se abarata. Siguiendo con la tesis, capaz que en términos de idiosincrasia estamos más egoístas y tenemos menos ganas de llegar a un consenso, porque un proyecto en común implica ceder cosas en pos de lo que todos quieren, y cuando soy solista las decisiones las tomo yo y soy dueño de mis éxitos y de mis fracasos.

Hablemos de la relación entre el periodista y el músico. Tú eres cercano a varios músicos sobre los que te toca escribir y hablar. ¿Cómo haces la separación entre la relación de amistad y la meramente profesional?

F: No creo que soy amigo de ningún músico, de esos que van a tu cumpleaños y que te llaman y se toman una chela contigo. Tengo muy buena onda con algunos, y cuando tengo algún nivel de cercanía con ellos, que es inevitable en un medio tan chico, trato de nunca reseñar sus shows ni sus discos. No sé si me estoy pisando la cola, pero creo que en ningún medio he aparecido comentando un disco chileno. Trato de no hacerlo porque siento que estoy invalidado si me acerco y genero onda con músicos a los que admiro, pero son vínculos muy laborales. Entiendo de qué va la pregunta, de hasta qué punto puedes ser su amigo si en alguna medida valoras un disco o lo reseñas. Yo por lo menos, trato de invalidarme cuando me piden que reseñe a alguien que conozco, entonces no me hago tanto problema.

Sobre la relación entre los medios musicales y los músicos: ¿cómo evalúas el “índice de amiguismo”? ¿Crees que reinan el pituto y la zalamería, o se guardan las distancias? ¿Qué opinas del periodista groupie?

F: Bueno, todos en alguna medida hemos sido un poco eso y no me voy a hacer el hueón, me saqué una foto con Dave Grohl y estoy orgulloso (risas). Encuentro que sería patudo de mi parte criticar a los periodistas groupies; ser fan de una banda, más que un problema, es un plus en la medida en que usas tu conocimiento para hacer preguntas que tengan un mayor grado de profundidad. En Internet, más que zalamería, lo que veo es ignorancia, que no tiene que ver con saberse toda la discografía de los Rolling Stones, tiene que ver con ir mucho a tocatas. Conozco periodistas de la Rolling Stone a los que les he dicho: “Oye, ¿has visto a los Dënver?” y me dicen “Sí, los vi una vez”… ¡Hueón, tienes que verlas muchas veces! Particularmente una banda que tienes la oportunidad de verla muchas veces, puede tener recitales la raja y recitales como el pico, y por motivos muy distintos, qué sé yo. A los músicos chilenos hay que verlos mucho. Entonces, la ignorancia tiene que ver con la falta de iniciativa. Yo me levanto todos los días a las 6 de la mañana para ir a la radio, e igual trato de ir a todas las tocatas que puedo, porque creo que por el lugar que ocupo es parte de mi pega. Otro vicio que existe en los periodistas musicales es ir solo a los conciertos que les gustan; para mí la pega es ir a Britney Spears y a Sepultura sin contemplaciones. Y el universo que muestran ciertas páginas web es muy pequeño. Para ellos existe Astro, la Javiera, el Gepe, la Fakuta y un par más, y está bien porque todos ellos son la raja, pero hay 20 más, y ahí es donde yo creo que, a pesar de todos los problemas que ha tenido y de todo lo que se le pueda criticar, la Extravaganza sí que propone.

En el caso de los blogs, pienso en Paniko y en Disorder (a quienes considero referentes), y veo con cierta preocupación que son caóticos, porque escriben artículos de opinión, top five o reseñas de shows que pueden ser irónicos o informativos y no existe ninguna advertencia, no los separan, y no se sabe si es en serio como POTQ (quienes sí me parecen serios) o si trata de ser graciosillo al estilo Porlaputa. No estoy en desacuerdo con que sea un híbrido, pero creo que no está tan bien organizado como para que se entienda.

Hablábamos de los músicos y la falta de apoyo que reciben, lo cual es una demanda permanente que ellos tienen. ¿Cuáles son las necesidades que identificas como prioritarias, y quién debería hacerse cargo de ellas?

F: En los ’90 existieron instancias como las Escuelas de Rock o Balmaceda 1215, y no sé qué tan relevantes han sido. Tengo una visión medio romántica, siento que si eres talentoso y le pones empeño, igual va a pasar algo contigo. Probablemente, si los Sinergia estuvieran aquí sentados conmigo, me golpearían porque para ellos fue algo super importante y sin las Escuelas de Rock les hubiese salido más difícil, pero no sé si propiciar esos espacio sea tarea del Estado. Sinergia es una excepción dentro de un océano de músicos: las Escuelas de Rock hicieron millones de tocatas en provincia, sacaron discos, pero si colocas las actividades que hicieron versus las bandas realmente trascendentes que lanzaron, el margen es bien penca. Lo que quiero decir es que lo que hicieron, versus los resultados reales, es bien escaso, por eso no sé si la proliferación de talentos pasa por un apoyo estatal. Creo que lo que más les cuesta a ellos es entender la lógica de los medios. Hay abundancia de talento y ausencia de interlocutores, es decir, quien que es capaz de reunirse con un auspiciador, con un productor de eventos, con un mecenas y sea capaz de generar acuerdos y que estos tipos no se vean como adversarios, sino como parte de un mismo team. Por ejemplo, Corona ha generado instancias que ayudan a generar escena, y todo lo pagan ellos. Ojalá más gente lo hiciera, y hoy en día, que no hay plata en los sellos, la empresa privada es la forma. No hay otra.

¿Qué opinas de la demanda por un 20% de música chilena en las radios?

F: Profundamente en desacuerdo. Por definición, el arte no se impone, porque consigues el efecto exactamente contrario. Además, si esa ley se hubiese promulgado, hubiese habido mil resquicios: resolver a qué hora se tocan esas canciones, y las habríamos tocado a las 4 de la mañana. O ese 20% habría terminado redundando en que, si ya estabas chato de escuchar a Los Prisioneros, Los Tres y Los Bunkers, ahora los escucharás el triple, porque quienes hicieron la ley quieren que todos suenen, y no es así: a los chilenos que tocamos, los tocamos por un criterio artístico, porque entran en nuestro universo musical. Con respecto a Sonar hago un mea culpa que no me corresponde, porque no decido qué se toca pero soy parte de la radio, por lo tanto no me puedo hacer el hueón. Tocamos poca música chilena, y tiene que ver con que hoy en día, a mi modo muy personal de ver el pop chileno está en un mejor pie creativo y exportable que el rock chileno. Creo que en el rock chileno hay un estancamiento importante y que a la hora de competir con extranjeros, se va a pérdida. Por lo menos en los dos años que llevo en Sonar, creo que ha sido super relevante en que The Ganjas y Jiminelson se conviertan en lo que se han convertido, y de alguna manera le ha dado una manito a Dion, a La Mala Senda, Bonzo, Intimate Stranger y otros más. Algo hay. Estoy profundamente en desacuerdo con esa ley y me parece totalmente ridícula, además basta ver quién la propuso: el diputado Estay, que es UDI. Como que está pensando en cueca cuando la propuso. Cuando tú emites esta opinión (y yo la emití por Twitter en su minuto) es super impopular entre los músicos, porque obvio, si yo fuera músico querría que mi hueá suene, pero esto no es algo en lo que yo crea. Los músicos creen que sería un incentivo interesante, pero yo no creo eso.

Fotografias por Camila Alamo

7 comentarios en este postComentar
  1. Buena entrevista, pero puta el titular amarillista… dejen eso a LUN ;)

  2. Buena entrevista, me ha tocado ver y escuchar a Arratia en otras instancias y me parece que es uno de los pocos periodistas que tienen una mirada certera sobre el panorama de la música chilena y la industria musical en general. Hacen falta esos cruces de la música con el resto de los aspectos económico y sociales. El funcionamiento del sistema en que vivimos influye en los músicos que producimos y las maneras de acercarnos a ellos.

  3. Super interesante la línea de tiempo que se plantea, ojala existiera la posibilidad de profundizar en ese tema.

    También comparto el comentario anterior, el titular no comunica el espíritu de la entrevista, si hasta yo entré a leerla pensando algo como “bueeena pelambre jaja”, sin embargo la sorpresa fué bastante grata.

  4. Un bacán Arratia. Sin gustarme muchas de las bandas que nombró en la entrevista, cuando él plantea esas preguntas, modificas tu sistema de creencias musicales, y esa, creo yo, es la labor del periodista.

    Junto con Lira son los dos que leo/escucho/veo

  5. A veces, los titulares amarillistas encierran muchas verdades. Y comparar esta entrevista con las pelotudeces de LUN me parece inadecuado.
    ¿A qué me refiero con verdades? A que los prospectos de periodistas sin ser periodistas a veces no respetan cuestiones básicas como la ética o la constancia en la labor. En este punto me quedo.
    Gran entrevista!

  6. jaja yo creo que el tipo se proyectó a el mismo todo el rato.

  7. Felipe, estoy muy de acuerdo contigo en varias de las opiniones que emites: Sobra talento en el país, el rock pasa por un momento muy bajo en comparación con el pop, faltan interlocutores entre los artistas y el público y falta inversión de la empresa privada.

    Pero quisiera hacer una aclaración cuando haces mención a las Escuelas de Rock, porque considero que la lectura que haces respecto de su aporte durante los noventa es muy superficial. Me imagino que por un desconocimiento respecto de sus acciones y objetivos.

    Escuelas de Rock nace en el año 1994 no con la intención de ser una productora o una agencia que promueva talentos y los de a conocer masivamente. En sus inicios las acciones estuvieron orientadas a socializar conocimientos que dieran sustento a la música chilena a raíz de su propia historia y no solamente rescatando las influencias del mercado anglosajón. Entre algunas que podría mencionar son:

    - Talleres de historia del rock chileno realizados por personajes como Tito Escárate o Fabio Salas.
    - Generación de espacios de integración social dónde se reunía a las tribus musicales de la época: punk, metal, hip-hop, todos en torno al perfeccionamiento de sus propias creaciones.
    - Fomentar la generación de escenas locales en comunas periféricas y de regiones distintas a la RM.
    - Clínicas de instrumentos realizadas por músicos chilenos para otros músicos chilenos.

    En pocas palabras, se hizo un trabajo de canuteo del rock chileno, por lo tanto, para hablar de la relevancia que tuvo el trabajo de Escuelas de Rock durante los noventa en el desarrollo de la música chilena es necesario profundizar y no quedarse sólo en una cuantificación de bandas que se hicieron conocidas. No considero correcto que se le reste importancia de esa manera, porque es compararla en un ámbito que no le corresponde.

    Hecha la aclaración, me gustaría invitarte a continuar el debate con una pregunta. En la entrevista mencionas que canciones de Astro o Javiera Mena debieran ser hits radiales hoy en día y no entiendes por qué no lo son, no obstante te niegas a una ley de 20% de música chilena en las radios. Entonces, para solucionar el problema de la escasa difusion radial o televisiva ¿Qué propones?

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